Viernes 08 de mayo: Crónica de un regreso: Maletas llenas, corazones contentos y... ¡mucha paciencia!
Por Sandrine y Yolanda desde el autobús
Todo lo bueno tiene un final, y el viernes nos tocó enfrentarnos al reto definitivo: la maleta de vuelta. Después de tantos días acumulando recuerdos, folletos y el inevitable chocolate belga, cerrar esos equipajes fue casi un deporte de riesgo. Con un poco de pericia y mucha fuerza, logramos que todo cupiera para emprender el largo camino a casa.
De Bruselas a París: Despedida entre raíles
A las 13:00 abandonamos nuestro fantástico albergue de Bruselas con el picnic en la mano. Pusimos rumbo a la estación del Midi para coger el tren hacia París. Fue un trayecto tranquilo, ideal para que los alumnos terminaran de comentar las últimas anécdotas de la Grand Place mientras veíamos pasar los paisajes europeos por la ventanilla por última vez. Las dos horas de viaje se nos hicieron muy cortas a todos.
Una vez en la capital francesa, nos esperaba nuestro último transporte: el autobús nocturno con destino a Burgos. Aquí es donde se curten los verdaderos viajeros. Por delante teníamos muchas horas de carretera, fronteras invisibles y ese ambiente especial que se crea en un bus de noche.
Aunque intentar dormir en un asiento no siempre es fácil, el cansancio acumulado de tantos días de caminatas, museos y emociones ayudó a que la mayoría de los alumnos cayeran rendidos. Entre cabezadas y paradas en áreas de servicio, fuimos cruzando Francia para entrar en España, mientras el sol empezaba a asomar.
El tramo final y la llegada al Burgo
Tras llegar a Burgos, el último tramo hasta El Burgo de Osma se hizo con esa mezcla de ganas de llegar y la nostalgia de saber que la aventura terminaba. A las 12:00 horas, por fin, avistamos nuestro destino. Allí nos esperabais vosotras, las familias, con los brazos abiertos y nosotros con unas ganas locas de soltar la maleta y contaros todo.
Balance final de nuestra expedición:
Aprendizaje: Hemos visto el corazón de Europa (Estrasburgo y Bruselas) y entendido que las decisiones que allí se toman nos afectan a todos.
Cultura: Hemos descubierto ciudades preciosas, desde el romanticismo de Heidelberg hasta la majestuosidad de la Grand Place de Bruselas.
Convivencia: Hemos compartido risas, cenas y debates con nuestros compañeros alemanes, demostrando que el idioma no es una barrera si hay ganas de entenderse.
Crecimiento: Los alumnos han tenido que gestionar algunos días sus comidas y hasta sus propias camas.
Por último, queremos agradeceros a todos, familias y alumnos, vuestra confianza. Este Erasmus ha sido una experiencia vital que recordaremos siempre.
Ahora toca descansar, pero no os relajéis mucho... ¡que la exposición de San Agustín está a la vuelta de la esquina para que todo el pueblo vea que estos alumnos son unos auténticos ciudadanos del mundo.
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