Viernes 08 de mayo: Crónica de un regreso: Maletas llenas, corazones contentos y... ¡mucha paciencia!

 Por Sandrine y Yolanda desde el autobús

Todo lo bueno tiene un final, y el viernes nos tocó enfrentarnos al reto definitivo: la maleta de vuelta. Después de tantos días acumulando recuerdos, folletos y el inevitable chocolate belga, cerrar esos equipajes fue casi un deporte de riesgo. Con un poco de pericia y mucha fuerza, logramos que todo cupiera para emprender el largo camino a casa.

De Bruselas a París: Despedida entre raíles

 En la estación del Midi, subiendo al andén

A las 13:00  abandonamos nuestro fantástico albergue de Bruselas con el picnic en la mano. Pusimos rumbo a la estación del Midi para coger el tren hacia París. Fue un trayecto tranquilo, ideal para que los alumnos terminaran de comentar las últimas anécdotas de la Grand Place mientras veíamos pasar los paisajes europeos por la ventanilla por última vez. Las dos horas de viaje se nos hicieron muy cortas a todos.


Llegar a París siempre tiene su magia, pero esta vez la Ciudad de la Luz era solo nuestra estación de paso hacia el tramo final del viaje. Nos tocó pasar de la estación del Norte de trenes a la de Bercy, de autobuses: dos líneas de metro, un pequeño incidente que dejó a Sandrine en el andén, pero solo 5 minutos más tarde ya venía otro metro y el grupo volvió a estar al completo.
Al llegar a la estación de autobuses nos tomamos un merecido helado, dejamos las maletas en una consigna y encargamos un picnic para cenar horas después sentados en unas escaleras frente al parque de la estación de autobuses.

Antes de coger el autobús, pudimos pasear por la Passerelle Simone de Beauvoir, ver el edificio donde se ubica la Biblioteca Nacional de París y también contemplamos unos bailes callejeros que unos jóvenes estaban realizando en uno de los lados de la pasarela.

Juan y Carla

Claudia, Rocío y Ángela

Juan y Óscar en primer plano

La odisea del bus nocturno

Una vez en la capital francesa, nos esperaba nuestro último transporte: el autobús nocturno con destino a Burgos. Aquí es donde se curten los verdaderos viajeros. Por delante teníamos muchas horas de carretera, fronteras invisibles y ese ambiente especial que se crea en un bus de noche.

Aunque intentar dormir en un asiento no siempre es fácil, el cansancio acumulado de tantos días de caminatas, museos y emociones ayudó a que la mayoría de los alumnos cayeran rendidos. Entre cabezadas y paradas en áreas de servicio, fuimos cruzando Francia para entrar en España, mientras el sol empezaba a asomar.

El tramo final y la llegada al Burgo

Tras llegar a Burgos, el último tramo hasta El Burgo de Osma se hizo con esa mezcla de ganas de llegar y la nostalgia de saber que la aventura terminaba. A las 12:00 horas, por fin, avistamos nuestro destino. Allí nos esperabais vosotras, las familias, con los brazos abiertos y nosotros con unas ganas locas de soltar la maleta y contaros todo.

Balance final de nuestra expedición:

  • Aprendizaje: Hemos visto el corazón de Europa (Estrasburgo y Bruselas) y entendido que las decisiones que allí se toman nos afectan a todos.

  • Cultura: Hemos descubierto ciudades preciosas, desde el romanticismo de Heidelberg hasta la majestuosidad de la Grand Place de Bruselas.

  • Convivencia: Hemos compartido risas, cenas y debates con nuestros compañeros alemanes, demostrando que el idioma no es una barrera si hay ganas de entenderse.

  • Crecimiento: Los alumnos han tenido que gestionar algunos días sus comidas y hasta sus propias camas.

Ha sido largo el camino de vuelta a casa. Hemos conseguido nuestro objetivo de llegar a Bruselas, en transporte público y poco contaminante (el avión hubiera sido más rápido pero menos ecológico). Y eso nos ha hecho darnos cuenta, en nuestras propias carnes, de que los transportes son necesarios para unir y fijar la población y de la escasez de trenes que tiene nuestra provincia.
Hemos comprobado cómo los idiomas son importantísimos y cómo abren puertas en el mundo. Con castellano, inglés y francés puedes comunicarte fácilmente con muchas personas del planeta.
Pero, lo más importante para nosotras no es haber llegado a la meta, sino lo que nuestros alumnos hayan aprendido en el camino. Y no hablamos de contenidos curriculares, que también son importantes, hablamos de valores como el respeto, la empatía, la paciencia, la tolerancia hacia todas las diferencias, la propia autonomía. Esperamos que lo hayamos conseguido. Cualquier mínimo cambio positivo en este sentido es un logro extraordinario.

Por último, queremos agradeceros a todos, familias y alumnos, vuestra confianza. Este Erasmus ha sido una experiencia vital que recordaremos siempre.

Ahora toca descansar, pero no os relajéis mucho... ¡que la exposición de San Agustín está a la vuelta de la esquina para que todo el pueblo vea que estos alumnos son unos auténticos ciudadanos del mundo.

En frente de la biblioteca François Mittérand




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