Próxima estación: Frankfurt (¡y el nuevo trabajo de Sandrine!)
Hoy hemos puesto rumbo a Frankfurt tras encontrarnos a las 8:45 en la estación de Mannheim. Nos esperaba una ciudad de contrastes, donde la historia de las comunicaciones y los rascacielos más modernos se dan la mano.
Del telégrafo al móvil: ¿Aliados o enemigos?
Nuestra primera parada fue el Museo de las Comunicaciones. Hicimos un viaje fascinante por la evolución del teléfono, el telégrafo y los transportes del último siglo. Incluso nos subimos a un autobús antiguo de madera: todo un lujo en su época, ¡aunque hoy nos pareció casi heroico viajar así!
Entre rascacielos y jardines
Tras cruzar el río Meno (Main), nos adentramos en el corazón financiero, rodeados de imponentes sedes bancarias. Y justo en frente del gigantesco símbolo del euro, jugamos un Kahoot cuyo tema era la Unión Europea (¡Claro!) ante de otra mítica foto de grupo.
Para reponer fuerzas, comimos “juntos” un Kebab. Y así, descubrimos la diferencia entre comer juntos y comer junto a …. Los españoles necesitamos nuestro tiempo para comer, disfrutamos del momento sentados y de la sobremesa. Los alemanes, parece, pueden comer en cualquier sitio, en cualquier momento: en el tren, al bajar del tren, haciendo cola, al salir del museo..pero no, en una mesa. Nos sorprende que a ellos les pareciera que estábamos comiendo todo el rato en España.
Historia, arquitectura y... ¿una nueva camarera?
No faltó la visita a la majestuosa Catedral, con su característica piedra de arenisca rosa, ni el paseo por la Römerberg (la plaza del ayuntamiento), donde disfrutamos de la arquitectura típica alemana que parece sacada de un cuento.
Para cerrar la jornada, fuimos a un restaurante tradicional para degustar los famosos Schnitzels, hamburguesas y las riquísimas Bratkartoffeln (patatas asadas). Y aquí vino el momento estelar del día:
¡El nuevo empleo de Sandrine! Unos clientes del restaurante, muy convencidos, le pidieron que saliera a la terraza para atender a su grupo. Ante su extrañeza, descubrimos el motivo: ¡la habían confundido con la camarera! Entre risas y bromas, casi la dejamos allí empezando su nueva carrera profesional en Alemania.
De vuelta a casa
Con la barriga llena y el corazón contento, brindamos por la amistad con un sonoro ¡PROST!, sellando los pasaportes de esta nueva ruta superada.
De regreso en el tren hacia Mannheim, se nota que ya no somos solo un grupo de viaje; nos parecemos cada vez más a una familia. Hay más confianza, las anécdotas se comparten entre risas y los pequeños contratiempos se solucionan como en cualquier casa.
Mañana el tren nos llevará a otro destino.
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