Día de intercambio, idiomas y tradición: Superando retos juntos
Tras la necesaria reflexión de ayer, hoy hemos vivido una jornada transformadora que nos recuerda por qué estos intercambios son tan valiosos. La mañana comenzó con una conversación sincera con nuestros alumnos sobre el compromiso y el saber estar, y es una satisfacción decir que el mensaje ha calado. Hoy hemos visto un esfuerzo real por corregir actitudes y una disposición mucho más positiva hacia el grupo.
Aprender enseñando: Un puente entre idiomas
La actividad académica comenzó en la biblioteca, donde los alumnos trabajaron en sus proyectos sobre Europa con sus buddies. Tras asistir a clases de Historia y Geografía bilingüe, el grupo se dividió para sumergirse en la realidad de nuestro centro en Historia de España y Francés.
Fue precisamente en la clase de Francés donde vivimos uno de los momentos más bonitos del día trabajando la empatía lingüística. Los alumnos de Mannheim aceptaron el reto de aprender a presentarse en francés, mientras que los de El Burgo de Osma se lanzaron al alemán. Lo más especial fue ver a los propios chicos convertirse en profesores de sus compañeros, explicándose unos a otros vocabulario, gramática y pronunciación. Las profesoras Lisa y yo pudimos ser testigos de cómo, en un tiempo récord, prepararon sus presentaciones para el grupo grande con entusiasmo y compañerismo.De la teoría a la práctica en los talleres de FP
Tras una sesión de Bádminton en Educación Física para soltar tensiones, visitamos las instalaciones de Formación Profesional. Los profesores del taller de mantenimiento explicaron al detalle el funcionamiento de la maquinaria, algo que sorprendió gratamente a nuestros socios alemanes, cuyas clases en su instituto suelen ser más teóricas. Ver de cerca la tecnología y el trabajo manual fue, sin duda, uno de los puntos fuertes de la mañana.
Cultura, jotas y generosidad
La tarde ha sido puro movimiento y tradición. Nuestra profesora de inglés, Laura, junto con la ayuda de su compañera y amiga Cristina, se encargó de enseñar a todo el grupo a bailar la jota. ¡Ha sido agotador! Han descubierto que para bailar nuestra danza tradicional hay que estar en muy buena forma, pero las risas y el esfuerzo compartido han unido al grupo más que cualquier discurso.
Para cerrar este día tan intenso, hemos disfrutado de una merienda-cena pantagruélica gracias a la inmensa generosidad de las familias. No tenemos palabras para agradecer cómo se han volcado para que todos se sientan como en casa, compartiendo mesa y confidencias en un ambiente de verdadera hermandad.
No queremos terminar el día sin enviar un mensaje de ánimo a Nicolás, que lamentablemente hoy ha estado enfermo y no ha podido acompañarnos. Esperamos de corazón que mañana ya se encuentre recuperado y pueda disfrutar con nosotras de este último día y de todas las actividades que tenemos previstas para despedir esta experiencia como se merece.







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